365 días… en la pista

Cuando tenía 12 años patiné en hielo por primera vez.

Ayer fue la segunda. Luego de hacer fila, comprar los tickets y hacer otra fila para buscar los patines, nos dijeron que no podíamos entrar porque iban a alisar el hielo. El “tractor” salió a la pista y pasando de un lado al otro el hielo iba quedando impecable, reluciente. Luego hubo que esperar que se enfriara un poco y finalmente abrieron las puertas para que pudiéramos entrar. Algunos patinadores parecían expertos, se deslizaban de un lado al otro sin, lo que parecía, el más mínimo esfuerzo. Otros se quedaban en las esquinas, aferrándose a los bordes y dando pasos tímidos que lo hacían resbalar. Unos cuantos también se aventuraban aunque se cayeran y se llenaran de hielo. Se levantaban, se sacudían, un poco de risas y seguían.

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¿Cuál era el truco? Dejarte llevar, si crees que te vas a caer te caes. Tienes que tirar un patín delante del otro, mantener el equilibrio y confiar en ti, en que puedes. Algunos te dan la mano para que puedes tomar el primer impulso, o a veces eres tu quién tienes que guiar a otros que se rehusan a patinar, ya cuando están adentro de la pista. Ten los ojos bien abiertos porque unos cuanto quieren ir rápido y solos así que si estas en el medio te van a empujar. No lo tomes personal, no todos saben esquivar o dominar bien sus propios patines. Mientras tanto, el sol de invierno iluminaba porciones de la pista y el aroma a chocolate caliente se mezclaba con las voces de los que no fueron tan afortunados y se quedaron afuera. – Mira al frente, mantén el equilibrio y pon un pie delante del otro – , me repetía mientras iba tomando velocidad.

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En esa pista de 365 días, cuantas cosas pasaron, salí de mi zona de confort, del Caribe al hielo. Tomé varios aviones para conocer otras tierras. Renuncié a mi trabajo de tantos años para seguir construyendo la base de mi sueño. Tomé decisiones que fueron difíciles y me dejaron en vela por varias noches. Terminé proyectos inconclusos y empecé otros. Hice, deshice y rehice mi maleta. Volví a tener pelo corto. Dejé mi querida isla, familia y amigos y me mudé a Suecia para empezar mi maestría. Nuevas personas llegaron a mi vida, algunas salieron, otras volvieron y las de siempre todavía siguen ahí. Aprendí a deslizarme por el hielo sin miedo.

Nos hicieron seña que tocaba de nuevo salir para darle mantenimiento a la pista. Así lo hice, me sostuve de una de las columnas de afuera, a observar, a pensar. A hacer una pausa. patinar se puede volver intenso y estos stops en el camino también son necesarios.

Sabían que recordar significa “volver a pasar por el corazón”, así que mientras acondicionan el hielo por segunda vez, me acomodé los patines, ajusté la bufanda y “volví a pasar por el corazón” muchas cosas de una “pista” que para mí representó demasiado. Ya me aprendí sus trucos, es cuestión de balance, perseverancia, confianza e impulso. Así que estoy lista para seguir, aunque me caiga, aunque haga frío, aunque los patines a veces molesten.

Estoy lista, para seguir patinando, para aprender nuevas hazañas, ayudar a otros que necesitan un poco de equilibrio, celebrar las pequeñas y grandes victorias sobre el hielo y al final disfrutar de un chocolate caliente polvoreado con canela.

2017, patinamos?

/Ivanna

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